lunes, 23 de febrero de 2009

Mady

AUTOR: NïNDE
CATEGORIA: RELATO CORTO


MADY

Entró gritando y cerró la puerta tan fuerte como pudo.
- ¿Te estás riendo de mí?- gritó muy desesperada.
- No, yo no me estoy riendo de nadie, además eres tú la que has entrado chillando e interrumpiendo mi trabajo.
- ¡No me mientas!-volvió a gritar.
Era una chica, aparentemente de dieciséis años, morena de piel y pelo, ojos azules como el cielo, medía aproximadamente 1.60, delgada y llevaba un vestido blanco desgastado, con unas medias rotas, como si se hubiera enganchado con algo. Tartamudeaba al hablar, por lo que intuí que estaba nerviosa, pero no sabía por qué.
Debido a mi trabajo, psicoanalista, me resultó fácil observarla atentamente a pesar del poco tiempo que estuvo allí.
- Tranquilízate y cuéntame, ¿Qué es lo que te pasa?- dije en un tono muy suave.
Ella no hizo caso de lo que le dije, ni se inmutó, siguió chillando, parecía estar muy enfadada, cuando de repente se fue dejando la puerta entreabierta ,lo que me permitió ver a Sam, que venía directo a mi oficina.
- Carol, es muy tarde ya, te traigo estos papeles para que los revises, pero deberías irte ya a casa – me insinuó.
Sam tiene 27 años, es un chico alto y moreno, ojos marrones claros, le gusta variar su ropa cada día, pero suele llevar vaqueros y camisas siempre a juego con una bufanda cuando hace frio. Es mi vecino de enfrente, es un chico muy amable y comprensible, pero hay que tratarle a veces con mucho cuidado, porque está obsesionado con la limpieza, tiene lo que se llama vulgarmente, el síndrome de ama de casa. A pesar de esto, Sam es un buen amigo, hace dos o tres años que lo conozco, pero estamos muy unidos.
- ¿Quieres que salgamos a cenar y descansamos?- le propuse mientras ordenaba, aquel montón de papeles que había traído.
- Me…me...parece bien- contestó muy nervioso.
Esa noche, salimos a cenar y Sam me regaló un oso de peluche, que consiguió después en la feria.
A la mañana siguiente cuando me desperté, no podía dejar de pensar en la chica que había aparecido en mi consulta chillando, y se había ido así sin más.
Aprovechando que era sábado, llamé a Sam y para olvidarme de ese asunto, quise ir a comer unas tortitas.
En el bar, le conté a Sam lo ocurrido. Él me dijo, que quizás me gritó pensando que yo era otra persona.

- Podríamos ir al parque a dar una vuelta, ¿qué te parece? - me preguntó Sam
- Creo que me vendrá muy bien, venga vámonos - acepté muy contenta.

Caminado por el parque, vi a un niño que no parecía estar muy contento, estaba sentado apoyado en un árbol tirando piedras al río. Aparentaba doce años, era pelirrojo, delgado y llevaba unas gafas negras en la mano, que parecían de sol.


- Eh, ¿te han dejado solo tus amigos?- le pregunté mientras me sentaba su lado.
- No, no son mis amigos- me contestó llorando.
- ¿Y por qué lloras?- pregunté imaginándome que le habían pegado, ya que su ropa estaba muy sucia, y había mucho barro por esa zona. Y al acercarme, pude observar que tenía arañazos en los brazos.
- Ellos…ellos me quitaron mi bici, me…me empujaron y se la llevaron, y uno de ellos, me pegó para que no intentará levantarme- contestó tartamudeando, debido a que le costaba hablar.
- ¿Hace mucho que se la han llevado?- le pregunté
- Carol vamos a llevarle al médico y allí preguntaremos por sus padres-interrumpió Sam.
Esa tarde estuvimos con el niño, Marc, esperamos a que vinieran sus padres, no podíamos dejarlo solo allí, era menor.
Mientras esperábamos, fui a por una coca-cola a la máquina de refrescos, cuando me giré, estaba allí la chica de mi consulta.
- ¿Qué haces aquí? ¿Quién eres? ¿De qué me conoces?- pregunté muy alterada.
-¡Él se lo merecía, se ríe de mí, y eso no se lo permito!- gritó sin responder a ninguna de mis preguntas.
- ¿Has sido tú la que ha pegado a Marc?- pregunté muy enfadada.
- ¡Se ríe de mí igual que tú, y eso no lo permito, parar ya!- gritó con más fuerza aún.
Quise agarrarla para que no se fuera, pero se fue corriendo del hospital.
Rápidamente, fui a decirle a Sam lo ocurrido, le conté que había sido la niña quien había pegado a Marc, y que me había vuelto a decir que me reía de ella.
- Carol, tranquilízate, seguramente son cosas de niños – me dijo Sam
- No me pegó ella, era un chico alto y fuerte, va a mi colegio y tiene dos años más que yo, además no había ninguna chica - dijo Marc a Carol, observando que se confundía.
- Pero ella…, ella me lo ha confesado, además parece estar muy enfadada, pero hay algo que le preocupa, porque su manera de hablar es como si escondiera algo – contesté muy segura de mí, de lo que había oído y visto.
Yo sabía que a pesar de lo que dijeran, ella había tenido algo que ver en esto, esa chica escondía algo. Quería averiguarlo y ayudarla.
Desperté de mis pensamientos cuando escuche gritar a Sam, le había dado un ataque, un ataque de los suyos, sin querer la enfermera había traído comida a Marc y al tropezarse se había caído todo encima de Sam. Él se puso muy nervioso al ver toda su ropa sucia, no paraba de chillar y se quiso quitar la camiseta, no soportaba tenerla.
Reaccioné rápido y le tiré un cubo de agua que había en el suelo, el cual había dejado la señora de la limpieza. Sam se calmó un poco al verse todo empapado, pero seguía preocupado. A la vez, Marc no paraba de reírse por ver cómo le tire el cubo de agua.

Como habían llegado sus padres, llevé a Sam a casa, aunque antes paramos en una tienda, porque quería comprarse ropa nueva y la que llevaba tirarla a la basura, ya que estaba sucia. Una vez en su casa conseguí calmarle e incluso preparé la cena y me quede a cenar allí.
Cuando fui a mi casa oí un grito, venía del callejón de al lado, me asomé haber que sucedía y para mi sorpresa allí estaba la chica de mi consulta, gritando, pero ¿gritando a quién?, me acerqué y no había nadie con ella.


- ¡Déjame en paz, para de reírte de mí, te odio, basta ya!- gritaba sin parar de repetirlo.
Pude comprender que tenía problemas y debía ayudarla.
- ¿Cómo te llamas?- le pregunté cogiéndole de un brazo.
- Amanda- respondió simplemente.
Era la primera vez que me respondía, con lo cual aproveché para averiguar más información sobre ella.
-¿Por qué dices que se ríe todo el mundo de ti?- pregunté muy intrigada.
- Es que se ríen todos de mí – respondió enfadada.
- Amanda, nadie se ríe de ti- dije intentando calmarla.
- No, si que se ríen, yo los veo, y se merecen todo lo que les ocurre- respondió con una sonrisa malvada.
Observé que estaba llena de moratones, y tenía cicatrices en la cara, algo que no había visto antes.
-¿Qué son esos moratones?- pregunté.
- Em.…nada, no son nada-contestó muy bajito.
- ¿Quien te pega?- pregunté sorprendida.
- Nadie, nadie me pega, yo soy más fuerte y si alguien me pega, tengo una banda que me protege, somos Town-Crew -respondió Amanda firmemente.
- ¿Una banda?- pregunté asombrada.
- Si, una banda
-¿Dónde vives? ¿Y tus padres?- pregunté aprovechando, que por fin me hablaba sin gritar.
- Yo vivo aquí, para mi mis padres no existen, me abandonaron y no quiero volver con ellos- dijo Amanda aumentando el tono de voz.
- ¿Son tus padres los que te han hecho estos moratones? ¿Cuáles son tus apellidos?
- Fermat Collins, Amanda Fermat Collins, y déjame en paz, vete- contestó al ver que le estaba preguntando demasiado.
Me fui a mi casa, tenía los datos suficientes como para investigar por mi cuenta. Sabía que Sam me ayudaría, pero era muy tarde, por lo tanto esperé al día siguiente.

Por la mañana, fui a casa de mi vecino muy temprano, sobre las ocho, antes compré unos cafés y donuts. Yo sabía que a Sam no le gustaba madrugar, pero era importante lo que le tenía que contar.
Mientras desayunábamos, le conté lo de Amanda.
- Está claro, que esos moratones se los han hecho sus padres, y seguramente, no querrá volver a casa porque tiene miedo. Además no está muy bien, creo que tiene problemas mentales, el maltrato debió de afectarle y le ha producido trastornos – expliqué a Sam.
- Apúntame sus apellidos, se los daré a Steven, mi amigo el policía, y que busque información sobre Amanda, le daré también tu descripción por si ese no es su nombre- dijo Sam dispuesto ayudarme.

- Muchas gracias Sam- respondí mientras apuntaba los datos.

Pasaron dos o tres días, cuando de repente Sam llegó a mi consulta y me habló sobre el caso de Amanda.

- Carol, mi amigo ha estado investigando y no hay ninguna Amanda, ni su retrato pertenece a nadie, Amanda no existe- contestó Sam preocupado.

- Si que existe, seguro que no habéis buscado bien, hay que ayudarla- contestó enfadada.

- No, nos hemos informado de todos los países, y de casos de maltrato, además han cogido a todos los de la banda en la que supuestamente está la chica y dicen que no han tenido a ninguna Amanda y que no aceptan muchachas en su banda- dijo Sam a la vez que intentaba calmarme.
- No puede ser, además ¿tú la viste verdad Sam?, cuando salió de mi consulta, se cruzó contigo- grité desesperada.
- No, yo no vi a nadie esa noche, solo quedabas tú, además ¿quién iba a
entrar, si la puerta estaba cerrada? y las llaves sabes que solo las tengo yo- explicó Sam.
- ¡No puede ser! No puede ser, no puede ser – grité sin parar.
Todo se volvió nublado y me caí. Cuando me desperté, estaba en una habitación blanca y tenía enchufado un aparato a mi cuerpo, el cual me permitía respirar, me lo quité, nunca me han gustado esas cosas, quise salir, pero la puerta estaba cerrada. Entonces, fue cuando escuché a gente hablar, era Sam, como me alegraba escuchar su voz.
- Si vale, lo entiendo perfectamente, yo se lo explicaré – afirmaba Sam a alguien de voz desconocida para mí

- Esta bien Sam puedes pasar- dijo una chica
Entró Sam, parecía muy feliz, pero al verme puso una cara de preocupación.
- Sam, ¿qué hago aquí?, vámonos a casa- dije desesperadamente.
- Carol, ¿Qué tal estás?, no, no puedes irte a casa, tengo que decirte algo- dijo con voz triste.
- Pero vámonos y me lo cuentas fuera, tengo que ayudar a Amanda.
- No, Carol no, es que…- dijo con ojos llenos de lágrimas.
- Pero no llores – dije animándole.
- Es que, estás muy enferma y debes quedarte aquí, y olvídate de Amanda, no existe, pero no te preocupes, yo vendré todos los días a visitarte, y traeré esos donuts que tanto te gustan ¿vale?- dijo Sam, mientras se iba.
- ¡Saaaaaaaaaaaaaaam! ¿A dónde vas?, ¡No te vayas, nooooooooooo!- grité con todas mis fuerzas.
Me puse a gritar tanto como pude, parecía que nadie me escuchaba, asique empecé a dar golpes en la puerta, quería salir de allí, tenía que ayudar Amanda. Alguien escuchó mi escándalo y abrió la puerta.

Vi a un señora entrar a mi habitación, llevaba algo en la mano, cuando quise reaccionar ya era demasiado tarde.
- No te rías de mi – grité antes de caer desvanecida.

Y ahora sigo aquí sin poder salir, viendo a los niños jugar desde mi ventana, e intentando ayudar Amanda, que a veces me la encuentro por los pasillos, y no para de gritarme. También, he de mencionar, que Sam me trae cada mañana mis donuts favoritos, aunque no entiendo porque se ríe de mí, como todos los demás, los odio.

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