martes, 24 de febrero de 2009

Matilda. Un día en la nieve.

UN DÍA DE NIEVE
Este año he pasado las Navidades en el pueblo, como todos los años, allí viven mis abuelos y pasamos estas fechas reunidos toda la familia.
El pueblo se llena de gente que como nosotros viven en las ciudades y acuden para
pasar estos días con sus padres y abuelos que siguen viviendo aquí.
Yo vivo en una ciudad cercana al mar, y allí no ha nevado nunca, solo he visto la nieve por televisión y mi mayor ilusión es poder tocarla, sentirla y jugar con ella., además mis abuelos cuentan que cuando ellos eran pequeños si que nevaba mucho en`
el pueblo, que se cubría de blanco completamente durante muchos días, cuentan lo bien
que lo pasaban durante todo ese tiempo.
Este año como siempre pensaba:
-“ ¿ Nevará este año? ¿ Veré por fin la nieve?”
Las Navidades en el pueblo son fenomenales, además de estar todos juntos y sin demasiadas prisas, mi abuela ( a la que le encanta cocinar) nos prepara unos dulces muy ricos y cada tarde la merienda es un momento maravilloso, todos junto a la chimenea, tomando chocolate y algún dulce o bollo que ha preparado con tanto cariño
¡ en fin una delicia!
Este año, como siempre, no nevaba, ya casi nos teníamos que marchar y había pasado lo mismo que otros años, frío ( lo normal para estas fechas) y sol, menos mal,
porque esto nos permitía jugar en la calle algún rato, lo que estaba bien, pero de nieve ni rastro.
El día 5 de Enero, la víspera de Reyes, mientras estabamos en la Cabalgata; el pueblo
es pequeño pero tiene su Cabalgata y todo; el tiempo cambió, se volvió aún más frío, el aire se nos colaba por todo el cuerpo, la punta de la nariz se congelaba. No sentíamos ni los dedos de las manos ni de los pies.
Tiritando y sin parar de movernos para no quedarnos congelados vimos pasar las carrozas con sus Majestades cargadas de regalos y en cuanto se terminó volvimos a casa. Cuando entrábamos por la puerta del jardín mi abuelo se que mirando al cielo
y exclamó:
- “ Sí no nieva esta noche..... el cielo está muy blanco seguro que nieva mañana”
Aquellas palabras se me quedaron clavadas, me fui a la cama sin dejar de darle vueltas a mi pensamiento:” nieve , ojalá nieve esta noche y mañana todo esté blanco y podamos jugar” ... con esta idea al final me quedé dormida.
En cuanto abrí los ojos, salté de la cama, y subí la persiana para mirar por la ventana, pero... todo estaba igual que siempre, no había nieve por ningún lado. Me
quedé allí quieta, sin saber que hacer, hasta que vinieron mis primos a buscarme para ir todos juntos al salón y abrir los paquetes de Reyes.( Yo ni me acordaba del día que era).
Con la alegría de los nuevos regalos, se me pasó un poco el disgusto, pero ni siquiera
el roscón casero que había hecho mi abuela me estuvo como siempre.
Al desayunar y asearnos, todos los niños nos reunimos en la calle para enseñarnos nuestros juguetes y jugar con ellos.
De pronto, una gota cayó en mi cara, y luego otra y otra....
.- ¡Oh no; ahora se pone a llover! No vamos a poder ni jugar en la calle.- pensé muy
decepcionada.
Miré al cielo y me sorprendió lo blanco que estaba. Lo que yo no sabía es que allá, muy alto, había unas diminutas gotas de agua que a causa del frío se estaban convirtiendo en copos de nieve y que no iban a tardar en caer.
Uno de estos copos, estaba muy nervioso, había sido una gota de agua y pensaba que
iba a caer y desaparecer para siempre; Al convertirse en copo de nieve se había esperanzado, ya era alguien importante, su vida duraría más tiempo, podría caer,
por ejemplo, en una pista de esquí donde un montón de niños jugarían con él, donde
muchas personas lo pasarían bien.
¡ Nieve, nieve, esta nevando! ,- gritó una de mis primas
Todos miramos al cielo, era verdad, empezaban caer pequeñísimos copos de nieve,
casi invisibles, pero allí estaban, estaba nevando. La alegría que sentí fue inmensa, no se puede explicar con palabras. En esos momentos los copos se iban haciendo más grandes
y todo empezaba a cubrirse de blanco. Una intensa cortina de nieve caía a nuestro alrededor y no nos dejaba vernos los unos a los otros.
Nos quedamos quietos dejándonos cubrir por ese regalo del cielo.
Pero claro, enseguida se oyeron las voces de nuestras madres:
.- Niños estáis bobos, con la que está cayendo
.- Os vais a poner malos, todos a casa inmediatamente.
Nos costó mucho trabajo obedecer, pero a mi todavía más que a los demás. Yo fui la más remolona, era algo demasiado maravilloso para encerrarme en casa y perderme ese
espectáculo, pero al final ante la insistencia de los gritos de mi madre, no me quedó más remedio y tuve que pasar a casa.
Subimos las persianas y miramos extasiados como caía la nieve, todo se cubría con una preciosa manta blanca, me parecía irreal, como un sueño, era una imagen de postal,
no parecía mi pueblo de toda la vida, ahora los tejados estaban blancos, los coches apenas si se veían; era mágico.
Los mayores estaban preocupados por el estado de las carreteras, las vacaciones se acababan y al día siguiente todos debíamos volver a nuestras casas, pero yo por dentro
estaba pensando lo que me gustaría quedarme en el pueblo unos cuantos días más.
Después de comer, nevaba mucho menos, así que conseguimos salir a la calle, no solo conseguimos convencer a los mayores para que nos dejaran salir a nosotros, sino que salieron ellos también.
Aquello fue una fiesta, mis tíos, mis primos, mis padres, mis abuelos y yo, todos corriendo por la nieve, todos haciendo bolas, a cual más grande, para lanzarla al que
estuviera más desprevenido. Las risas y los gritos se de debieron escuchar por todos
lados, porque los vecinos salían de sus casas y se unían a nosotros.
Hasta algunos abuelos, con bastón y todo, se contagiaron de nuestra alegría y se
unieron sin dudarlo a la “ batalla”.
Alguien trajo un cartón muy grande, supongo que el envoltorio de algún regalo de
Reyes, y con él improvisamos una especie de trineo, con el que los niños nos estuvimos
deslizando por una cuestecilla, de manera que todavía aumentó más la diversión.
Os preguntareis que habría sido de nuestro amigo, el copo de nieve, pues bien, había caído en el jardín de mis abuelos y estaba encantado viendo a tanta gente disfrutar y pasarlo tan bien, lo único que le preocupaba es que hiciera pronto sol y se derritiera; pero de momento parecía que eso no iba a ocurrir.
.- ¿Cómo no se nos ha ocurrido antes? Vamos a hacer un muñeco de nieve.- gritó mi abuelo entusiasmado, imagino que recordando los días de su infancia.
Como un gran experto, nos llevó al sitio ideal para levantar a nuestro amigo el muñeco de nieve.
Grandes y pequeños seguimos a mi abuelo quien nos condujo a su jardín, una vez allí
y después de echar una ojeada, eligió la zona más sombría, para que en caso de que brillara el sol, no lo derritiera muy pronto y durara algunos días.
Mi abuelo levantó el muñeco pero los demás colaboramos trayendo cosas necesarias
la bufanda, el sombrero, una escoba. A mi vecina se le ocurrió que con los dientes de un
rastrillo de su nieta podía hacerse la boca . Cada uno aportó su granito de arena y al final tuvimos un muñeco magnífico
.-¡ Qué grande!.- decían unos
.-¡ Qué preciosidad! .- decían otros
.-¡ Tiene cara de buena persona!.- dije yo muy emocionada.
Y así sin darnos cuenta cayó la noche y nos tuvimos que meter en casa, al entrar vimos los regalos de Reyes, nadie les había hecho caso, pero es que el regalo, el mejor regalo había sido esa nieve y ese día que habíamos compartido con todo el pueblo.
Antes de dormir, eche un vistazo al muñeco desde mi ventana para darle las buenas
Noches.
A la mañana siguiente, todos me esperaban subidos en el coche ( las carreteras estaban limpias y se podía circular sin problemas ) yo fui a despedirme del muñeco
.- Adiós, tengo que marcharme, pero quiero que sepas que te llevaré siempre conmigo, he pasado el día más feliz de mi vida y tu has estado en él. Te he hecho
un montón de fotos que enseñaré a mis amigos y además siempre que quiera podré
volver a verte. Gracias, nunca te olvidaré. .- Conseguí decirle todo esto aguantando
las ganas de echarme a llorar.
Me quedé mirándole fijamente y me pareció ver una lágrima
.- No puede ser, será que ya empieza a derretirse, pensé intentando encontrar
una explicación.
Le di un suave beso de despedida y corrí al coche, porque mi padre ya se estaba
poniendo nervioso y yo no quería que se enfadase.
Lo que yo no podía saber, es que la lágrima que me pareció ver, era una lágrima real,
el muñeco todavía no se derretía y aún aguantaría algunos días más para recordarle a mis abuelos estas Navidades y sobre todo aquel día tan especial que vivimos
todos juntos.
La lágrima era del copo de nieve que había caído en el jardín, para él también había ocurrido algo muy especial, su corta vida había tenido el mejor de los sentidos porque había hecho realidad mi sueño y me había hecho feliz.

FIN

Matilda

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