lunes, 16 de febrero de 2009

Una historia de amor sin final

Relato corto.


3º -4ª ESO


Una historia de amor sin final.

Seguía caminando entre la multitud, notando brazos ajenos en mis pobres costillas, tragándome el humo de vete a saber quien, sintiendo como me pisaban y asestaban codazos hasta en la cabeza. Cuanta ansia dios mío. Casi toda esa masa de gente eran chicas adolescentes, probablemente de mi edad, que portaban palitos luminosos, algunas pancartas y otras chorradas para llamar la atención de sus ídolos.

Pero no me echaba para atrás nada de eso, ninguna de las cientos de miles de millones de fans alocadas que allí se reunían para gritar a sus cantantes favoritos podrían conmigo, con mi esperanza, con el amor que me estaba guiando a hacer lo que estaba haciendo.

Había viajado hasta allí, el grandioso estadio de aquella preciosa ciudad de Asia tan solo para poder verle, aunque solo fuera por una vez. Llevaba enamorada de él desde hacía dos largos años, en los que la llama nunca se había apagado, aún sabiendo a lo que me enfrentaba: estaba enamorada de un fabuloso cantante asiático que era tan perfecto que daba la impresión de que era una escultura, que poseía una voz melodiosa como el piar de los pájaros o el fluir de un arroyo, y además le adoraban miles de fans que ahora me golpeaban buscando sus asientos en las gradas.

Bajé hasta el lugar que había reservado meses antes, el más próximo al escenario y el más apartado a la vez para que no pudiera verme. Sé que suena raro, pero no quería que me viera allí, en uno de sus fantásticos conciertos. Tenía la esperanza de poder conocerle fuera de ese mundo, ese mundo que era la barrera que nos separaba en ese instante, cuando dos años atrás era la distancia.

Recuerdo una vez que dijo que se pensaba casar con una fan, pero yo no me sentía a gusto si él me conocía como una fan más, porque yo no me consideraba así. Es mas, todo lo que sentía me colocaba en otro lugar, no sé si más alto o más bajo, pero era otro lugar, y no me correspondía el de una fan más.

Logré alcanzar mi sitio cuando de repente las luces se apagaron y mi corazón dio un vuelco, no sé si del susto o de los propios nervios que ahora correteaban por mi estómago. Me quedé allí de pie, ya que no había asientos en esa zona, y esperé, esperé con ansia el momento en el que su belleza pisara ese escenario. Estaba volviéndome loca, no podía esperar más, pero total, llevaba dos años haciéndolo, por unos minutos más no me iba a pasar nada.

Me apoyé contra la pared intentando así no caerme al suelo del mareo provocado por la tensión que sentía. Cerré los ojos e intenté relajarme, pero en ese preciso instante, anunciaron la entrada a escena del grupo tan esperado.

Fueron pronunciando sus nombres uno a uno, y cada vez que lo hacían, era como si me estuvieran pegando una patada en la boca del estómago o estuvieran presionando mi cabeza como si tuviera resaca.

Salieron lentamente, como si supieran que estaba allí y quisieran alargar mi sufrimiento, por si fuera poco ya de por sí. Solo quedaban dos de los cantantes, y uno de ellos era él, el causante de todo, el que iluminaba mi mundo.

Y como no, salió el último, haciéndolo a lo grande. Nada mas aparecer tras unas escaleras con dos bailarines detrás haciendo de su sombra, sentí que mi corazón latía con más intensidad, y mi pecho subía y bajaba acompasadamente.

Y para colmo, sacaron su precioso y perfectísimo rostro en una pantalla enorme.

Tenía una sonrisa deslumbrante, esa sonrisa que tanto me hacía temblar y estremecer hasta conseguir que me mareara, mientras las luces rojas de los palitos luminosos le alumbraban la cara haciéndole todavía brillar más.

La música comenzó a sonar para no hacer esperar a sus fans ni un segundo más. Pero yo seguía en estado de sock, con los ojos entre abiertos intentando no ponerme a llorar allí mismo, aunque ya era tarde, porque una de las lágrimas salió seguida de las demás para acabar en el escote de mi camiseta haciendo un leve sonido acompañado de mis sollozos, creando así la sensación de una gota de cristal que se rompe en mil pedazos.

Me enderecé como pude intentando disfrutar de lo que tanto había soñado, estar en uno de sus conciertos. A parte de querer tantísimo a ese ángel convertido en cantante, era una gran fan de aquellos chicos, y además les adoraba, aunque nunca hubiera tenido contacto con ellos.

Poco a poco me fui animando, e incluso me puse a bailar levemente y a cantar las canciones. Era imposible no dejarse llevar por esa mezcla de emociones.

Sin darme cuenta el concierto había terminado, y yo seguía allí de pie, sonriendo como una tonta aunque el causante de mi sonrisa había sido él, única y exclusivamente, él.

Cogí mi abrigo que había dejado en un sobresaliente del suelo e hice lo imposible por salir la primera de aquel hervidero, pero no lo conseguí. Todas las fans corrían hacia la puerta para verles salir.

Así pues me encontraba en la misma situación de antes, con todas las adolescentes golpeándome sin ni siquiera fijar su vista en mí.

Lo siguiente fue algo confuso: vi a unas cuantas chicas que sin querer se estaban abalanzando sobre mí, pero no me dio tiempo a reaccionar. Me estampé contra la pared dándome un gran golpe en la espalda y cayendo hacia atrás sin saber donde lo hacía. Me había golpeado la cabeza, no era grave pero dolía los bastante como para dejarme unos segundos inconsciente allí, sin nadie que me ayudara, tirada en el suelo como si fuera un trapo.

Poco a poco fui abriendo los ojos, hasta tenerlos completamente abiertos y encontrarme lo suficiente capaz de levantarme por mí misma.

Al principio me mareé un poco, pero lo arreglé apoyando mi mano en el pomo de una puerta que es lo primero que alcancé.

Giré la cabeza hacia todas direcciones intentando averiguar donde me encontraba, pero no lo logré, o no por lo menos hasta que no divisé un cártel que ponía: backstage.

Genial, estupendo, divino… seré imbécil. Osea que yo estaba intentando salir de allí sin que nadie me viera, especialmente él, y he acabado en los camerinos. Si señor.

Intente abrir la puerta por la que me había caído antes, pero no podía por más que lo intentaba. Logre oír los gritos de las fans, por lo que supuse que estarían marchándose ya, así que tenía vía libre.

Caminé con cuidado por el ancho pasillo que se imponía ante mí, lleno de puertas a ambos lados.

Intentaba encontrar la salida sin acercarme demasiado al backstage, por si acaso.

Estaba a pocos minutos ya de la salida, cuando me choqué con dos hombres que supuse que trabajaban allí. Me dí media vuelta rápidamente, pero para mi sorpresa, ellos venían por detrás, incluido él.

Me quedé embobada de nuevo, y gracias a dios él estaba riéndose con uno de sus amigos y no logró ver la escena tan patética en la que me veía de protagonista.

Los dos hombres con los que me había chocado me sacaron de mis pensamientos agarrándome fuertemente por el brazo y haciéndome así quedar frente a ellos.

-¡Mira niñata, no nos hagas llamar a la policía!

-Ehm… perdón. No sé como he llegado hasta aquí... Solo estaba buscando la salida.

-Sí claro… eso es lo que dicen todas.

-¿Qué? A ver, lo siento de veras… llévenme hasta la salida y yo me iré gustosa, de verdad que lo siento… -Dije nerviosa. Cada vez notaba sus voces más cerca y quería marcharme de allí sin demorarme más. No quería tener que enfrentarme a su mirada a pocos centímetros de mí, y además en aquella vergonzosa situación.

-Tú no vas a ninguna parte preciosa… Nos vas a acompañar, ¿de acuerdo? Ya veremos lo que hacemos contigo…

-¡Dejadme en paz asquerosos! –Solté.

Uno de ellos hizo un amago de pegarme, pero entonces el líder del grupo junto con dos de sus fuertes guardaespaldas lo agarraron.

-¡Ni se te ocurra ponerle una mano encima! –Gritó furioso el líder. -¡Es una señorita!

Cada vez me sentía mas débil, solo quería salir corriendo e irme a llorar a un rincón como si fuese una niña pequeña. Notaba como mis piernas flaqueaban, produciendo un leve pero visible tembleque a mi cuerpo, que empezaba a moverse hacia los lados. Al notar esto, uno de ellos, pelirrojo con unos labios perfectos, me agarró por la cintura, susurrándome al oído si me encontraba bien. Pero justo cuando iba a contestar apareció seguridad, deteniendo a los dos hombres.

-¿Y esa chica? ¿Está con vosotros? –Preguntaron antes de marcharse.

-Ella no ha hecho nada malo. –Contesto él, mi amado ángel, con esa perfectísima voz que tanto me enloquecía.

Los seguratas simplemente se limitaron a asentir llevándose a esos dos que gritaron algunas palabras indeseables antes de irse.

Toda esta confusión me devolvió en mí, analizando así mi situación. Me encontraba ahora acompañada del hombre que tanto había amado en mi vida, aunque el no supiera que había existido todo este tiempo, y de sus amigos. Estupendo, todo lo que había estado intentando evitar, había ocurrido.

-¿Te encuentras bien? –Dijeron casi al unísono.

-Si, muchas gracias de verdad… Un grupo de fans me empujaron sin querer y no sé como acabé aquí. Sé que no parece creíble pero es así… -Expliqué, soltando una leve y dulce risa, que me salió tan natural que hasta a mí me asombró.

-Bueno, sentimos que hayas tenido que toparte con esos dos… ¿Quieres que te llevemos?

-Oh, no, muchas gracias pero no. Ya bastantes problemas he causado.

-¡No es ninguna molestia!

-Además, -empezó con cara de cordero degollado- es tarde y no es bueno que vayas tu sola por ahí. –Me casi suplicó con esa melodiosa voz.

Se estaba acercando cada vez más, y cada paso que daba era un puñal que sentía en mi corazón. Notaba su fragancia recorriendo cada una de las partes de mi cuerpo, ahora nunca podría olvidarme de aquel adorable y sensual aroma…

-Está bien. –Acabé accediendo.

Los chicos sonrieron por su triunfo, y pude atisbar como todos le guiñaban el ojo a Jae, a él. No entiendo nada, aunque prefiero no entenderlo, creo…

¿Cómo he logrado acabar así? No quería que supiera de mi existencia, y ahora ha tenido que salvarme y va a llevarme a mi apartamento.

Monté en la parte trasera de su coche, y para terminar bien la noche, él se puso a mi lado. Durante el breve trayecto estuvimos hablando de varias cosas, y no sé como pero logré coger bastante confianza con ellos.

Como si no estuviera lo bastante confusa y feliz a la vez, resultó que ellos vivían en el edificio de al lado. ¡Que vivan las coincidencias!

No podía apartar la mirada de su rostro. Era realmente perfecto, incluso más de lo que me había imaginado estos años. Sus perfectísimos ojos me hechizaban, obligándome a que me sumergiera en ellos, y comprobando que llevaba esas lentillas azules que tanto me gustaban, mientras el flequillo le caía dificultándole el campo de vista. Todos esos pendientes en su preciosa oreja, le hacían aún más guapo, si es que eso se podía y estaba permitido o legalizado... Y lo último en lo que me fijé fueron sus labios, los maravillosos, bellísimos, insinuantes y sensuales labios con los que tantas veces había soñado. Era él.

Su forma de hablar y expresarse era mucho más maravillosa de lo que creía, era un ser tan, tan, tan perfecto…

Todos esos pensamientos dejaron mi mente tranquila al llegar a nuestro destino. Me despedí sonriente de ellos, pero especialmente de mi ángel, y subí de vuelta a mi hogar.

Andaba por las escaleras torpe, mientras buscaba a oscuras el interruptor de la luz. Abrí la puerta como pude, llevándome toda la decoración por delante al no encender ni siquiera una de las miles de lámparas que tenía.

Sin cenar me tiré en la cama, puse la música y al sentir el cálido abrigo de mi casa pero a la vez tan frío sin notar su presencia, las lágrimas volvieron a inundar mi ser.

Los primeros rayos del día se toparon con mis ojos, a los que éstos respondieron de mala manera, aunque al final acabaron por ceder abriéndose de par en par.

Me levanté a la vez que me estiraba dirigiéndome al baño, donde, al mirarme en el espejo no pude evitar soltar un leve grito.

Tenía el rimel corrido por toda la cara, incluso se me había colado en el lagrimal, y la purpurina de la sombra de ojos debería de estar por toda la almohada, así que decidí pegarme un relajante y largo baño.

Una vez que salí de la ducha con el albornoz puesto, me acerqué hasta la terraza para aspirar algo de aire puro, ya que tanto aire acondicionado estaba empezando a congelar mis neuronas.

Me estiré para captar algo mejor los rayos del sol, manteniendo mis ojos cerrados mientras movía mi cabeza de derecha a izquierda para dejar caer algunas gotas que aún quedaban en él.

Cuando volví a abrir mis ojos, pude observar que alguien me estaba mirando, y no iba a ser otro que él. Podía sentir su perfección a kilómetros de distancia. Era algo enfermizo que había desarrollado con el tiempo.

Agitó su mano levemente en el aire y yo le respondí de la misma manera, con una sonrisa dibujada en los labios de ambos.

Se giró porque le estaban llamando, o eso supuse, así que decidí meterme a dentro rápidamente para no seguir enganchada a esa droga tan adorable.

Intenté de todas las formas no tirarme de cabeza a la terraza para saber si seguía allí, pero me metí al baño para secarme un poco el flequillo, por lo menos tenía algo con lo que distraerme.

Después me vestí con un pantalón corto vaquero y una camiseta de tirantes morada. Estaba intentando perder el tiempo en tonterías para no salir a la terraza, aunque seguramente ya no estaría allí.

Al final me decidí, y cuando ya estaba abriendo la puerta corredera, sonó el portero. Rápidamente fui a cogerlo.

-¿Quién es?

-Holaaa. –Oh dios, oh. No, por dios. Era él, otra vez. Para que engañarme, había deseado tanto tiempo oír su melodiosa voz en el portero… y sin embargo no había obtenido mas que la voz del cartero comercial que estaba aburrido de tanto llamar a los porteros o la de los testigos de Jehová.

-¡Ah holaa!

-Me preguntaba si… ¿te apetecería venir a desayunar conmigo? -¡Conmigo! O sea los dos solos… Me quedaba poco para sangrar por la nariz.

-Vale. ¡Enseguida bajo!

-De acuerdooo.

Recogí un poco por encima las cosas que había dejado tiradas por ahí y bajé como alma que lleva el diablo.

Según bajaba a toda velocidad las escaleras, me llevé varias plantas que lo adornaban y a algunos vecinos por delante. Pero hice caso omiso y seguí con mi carrera, hasta llegar casi a la puerta, donde ralenticé mi marcha y me peiné en el espejo antes de salir a su encuentro.

-¡Hola! –Dije alegremente, demasiado diría yo. Y como respuesta pegó un leve saltito.

-Que susto –Suspiró.-… Holaaa. –Que mono.

-¿A dónde vamos?

-A la cafetería Black, me encanta desayunar allí, ¿te parece?

-Estupendo.

Y nos encaminamos hacia la lujosa cafetería. Una vez dentro, nos concedieron una mesita preciosa algo apartada de las demás.

-Bueno dime… ¿de dónde eres?

-Soy de España, de Madrid para ser más exactos…

-Wooow… ¿y qué haces aquí?

-Un viaje de estudios…

Y comenzamos a charlar. Hablamos tanto y con tanta intensidad que ni siquiera nos dimos cuenta de cuando nos sirvieron el desayuno.

No podía levantar mi mirada de su angelical rostro. Era todo demasiado perfecto e irreal, pero aún así me deje llevar. Llevaba demasiado tiempo soñando con este momento...

Al salir de la cafetería decidió llevarme a unos jardines preciosos en los que la gente podía pasarse el día entero haciendo lo que se le antojase.

Cuando llegamos había unas cuantas parejas dándose amor, y una de las chicas, al ver al monumento con el que iba acompañada, comenzó a hacer posturitas en plan provocativo que interpreté algo mal. Si se cree que me daba envidia o algo iba lista. El acompañante de ella era un cardo borriquero y además parecía una paella, sin ofender. Y yo llevaba un ángel con su halo presente rodeando y protegiendo mi aura sin el saberlo. Pero ella seguía con sus cosas.

-Yo que tu la ponía un bozal y una correa, creo que está en celo. –Solté al pasar frente al chico.

Seguí caminando junto a mi protector, que no se había enterado de mi pequeña bromita.

Nos sentamos bajo un cerezo que estaba en flor, y algunos de los pétalos caían chocándose contra nuestros cabellos.

-¡Mira ahí arriba, detrás de ti! –Dijo de repente.

-¿Dónde? ¿Qué pasa?

Estuve mirando como una idiota, pero no veía nada. Era obvio que estaba vacilándome, así que me giré con una sonrisa pícara, pero al ver lo que había preparado en ese momento, me quedé petrificada.

Había montado un picnic fantástico, con un mantelito de colores y una cestita llena de deliciosa comida como en las películas.

Nos sirvió a ambos coca-cola y sacó algo de sushi. La verdad es que no me llamaba mucho la atención y tampoco se me daba muy bien comer con palillos, pero no iba a quedar mal delante de él.

Malamente intenté comer como pude, agarrando torpemente las bolitas de sushi con los palillos, como tantas veces me había enseñado Vero.

Una de las veces, le lancé una bola que estuvo a punto de colarse en su vaso. Pero ni siquiera se molestó, simplemente se rió a carcajada limpia, haciendo aún más mágico el momento.

Una de las veces estaba riéndome y cuando alcé la vista vi que me estaba observando. Me descolocó un poco pero no dejo de hacerme más feliz a cada segundo que pasaba.

No sabría explicar el nudo de sensaciones que anidaban mi interior, desde sentir un cosquilleo en los pies hasta ascender a los dedos de mis manos. Me sentía tan dichosa de estar junto a él, que no cambiaría este momento por nada del mundo.

Hubo un momento en el que fui a coger mi vaso y sin querer nuestras manos se encontraron. Nos quedamos en silencio durante un instante, pero finalmente nuestros labios se encontraron en un dulce y apasionado beso.

Ahora si que me sentía feliz, más que eso. Sentir su boca enlazada con la mía era más de lo que me merecía, notar sus manos acariciando las mías, su aliento con el mío… era algo que se me antojaba irreal.

Se acercó y se sentó junto a mí, agarrando mi cintura, y yo le imité rodeando con mis brazos la suya.

-Nunca he hecho esto… Es decir, besar a alguien sin apenas conocerla, pero es que contigo es diferente…

-Tranquilo, yo tampoco suelo hacerlo... -Tome airé mientras pensaba como decirle toda la verdad, pero me interrumpió.

-¿Te apetece que nos vayamos? Está empezando a hacer frío…

-Vale, me parece bien.

Nos levantamos y nos marchamos, todavía aferrando su mano con fuerza.

Llegamos enseguida para desgracia mía, ya que no tenía prisa por separarme de él. Ya estábamos en la puerta de ambos portales, cuando nos quedamos mirándonos el uno frente al otro. Y otra vez esa sensación se apoderó de mí, de mis nervios, produciéndome de nuevo un temblor.

Volvió a acercar lentamente sus labios apretándolos con fuerza encima de los míos. Cuanto había deseado ese momento, y ahora que lo tenía no iba a poder vivir sin él.

-¿Quieres subir?

-¡Sí! Me apetece mucho.

-Vamos. -Sonreí.

Una vez arriba se sentó en el sofá mientras yo preparaba algo de beber.

En cuanto estaba sirviéndolo tiró de mi cintura y caí encima de él, pero enseguida me inmovilizó poniéndome debajo y me besó.

Cogió unos folios que tenía encima de la mesa, y en cuanto me di cuenta de lo que era pegué un salto quedando así justo a su lado y arrebatándole los papeles. Comenzó a hacerme cosquillas, a lo que no pude resistirme y logró leerlos.

Se trataba nada más y nada menos que de una poesía que había escrito pensando en él. Pero lo peor no era eso, si no que había escrito su nombre en una parte.

-¿Y esto?

-Ehm... Pues una poesía, ¿te gusta?

-Dime que es... -Dijo asombrado.

-Me daba vergüenza decírtelo, pero veo que no tengo más remedio. –Suspiré-

Llevo enamorada de ti desde los quince años, y si he viajado aquí ha sido la mayor parte de mis razones por no decir toda, por ti. Sé que te voy a parecer patética y entiendo que quieras hacer tu vida y...

-Ssshh... -Me calló.- Con esto lo único que has conseguido es que me enamore más de ti.

Me giré bruscamente debido a la sorpresa que me provocaron sus palabras.

Se echó encima de mí y volvió a besarme. Aunque esta vez no se quedó sólo en un simple y magnífico beso.

Esta vez me desperté al olor de unas deliciosas tortitas que acababan de entrar a mi habitación en la bandeja sujetada por mi ángel. Pero cuando se sentó junto a mí en el borde de la cama, el móvil sonó.

-¿Sí?

-Hola cariño. –Era la voz de mi abuelo.

-¡Abuelooo! ¿Qué tal todo? ¿Cómo es que me llamas?

-Cariño, tengo que decirte algo…

-¿Qué? ¿Qué pasa?

-Tus padres han tenido un accidente de coche.

-¿Quéé? Dios mío, ¿Cómo están? ¿Es muy grave?

-No tranquila, están ingresados en el hospital. Pero creí que deberías saberlo.

-Por supuesto que sí, has hecho bien. Cojo el primer avión que vaya hacia Madrid. Un besito. –Y colgué.

Me quedé helada, horrorizada, el miedo me había paralizado. Dejé que el móvil se cayera al suelo dando un golpe seco. Las lágrimas se derramaban sin piedad por mi cara, haciendo que un sollozo saliese de mi garganta con una ira temible.

Mi tan amado ángel se abalanzó sobre mí, derramando algunas lágrimas también.

-No… no… tú no llores, tranquilo mi amor. Todo está bien. Pero tengo que regresar hasta que se mejoren…

-Lo entiendo mi vida, pero yo no puedo… -Dijo apretando la mandíbula.

-Lo sé, pero regresaré, no pienso separarme de ti.

Enseguida nos pusimos en marcha, metí algunas de mis cosas en una pequeña mochila que siempre me acompañaba y salimos pitando al aeropuerto.

Llegamos pasados apenas diez minutos, y esperamos nerviosos y silenciosos la voz de megafonía. Se me estaba haciendo eterno, aunque a la vez me sentía segura entre sus brazos.

Por fin el inesperado aviso llegó. Lentamente mi cuerpo empezó a moverse sin yo ser consciente de ello. Me dirigía hacia la puerta de embarque muy a mi pesar, sintiendo sus pasos lentos detrás de mí, sabiendo que mi destino estaba con él y me iba a ser arrebatado por un juego macabro de la vida.

Antes de entregar mi billete me agarró y besó apasionada y dulcemente.

Una vez dentro, me giré dedicándole mi mejor sonrisa.

En cuanto me coloqué en el asiento asomé mi cara por la ventanilla, viendo como las lágrimas descendían por su perfecto rostro. No podía ver esa terrible escena ni un minuto más, no podía soportar la idea de verle llorar por mi culpa, prefería sufrir yo mil veces antes que verle mal a él.

Entonces el sonido del móvil me bajó de mi nube. Era un mensaje de mi abuelo, mis padres se habían despertado y no hacía falta que fuera a Madrid. Una sonrisa iluminó mi cara ya que iba a poder quedarme con él, así que rápidamente volví a mirar por la ventanilla, pero de repente la expresión de su cara se volvió aún más oscura, y lo siguiente fue algo confuso. Mis oídos escucharon una especie de explosión que hizo que me quedara sorda durante unos segundos, cerré mis ojos con fuerza y noté mucho humo, una gran masa de gente alrededor de mí y voces que decían algo de una explosión del motor.

Cuando pude despegar mis párpados, vi demasiados escombros y gente corriendo para todos los lados. Pero yo solo buscaba unos ojos, sus ojos.

Al fin los encontré y vi como se acercaban poco a poco. Mis fuerzas comenzaron a fallarme, pero cuando me rodeó fuertemente entre sus cálidos brazos sentí como la vida volvía a mí para decirle una última cosa:

-A pesar de que no vaya a estar en tu vida, mi alma siempre estará contigo. Y si es que hay otra vida después de esto, quiero que sepas que voy a vivirla por ti… –Dije con mi último suspiro. Pero antes de marcharme, me susurró algo.

-Necesito que sepas algo…-Dijo llorando- Todo este tiempo he estado esperándote y ahora que por fin te he encontrado no voy a dejarte escapar. Si vivo es por ti y si tú… mueres –dijo con la voz ronca- no tiene sentido que yo siga respirando.

Así, viendo como yo había dejado de existir, sin poder soportarlo, envió su alma al lado de la mía.

The end.

No hay comentarios:

Publicar un comentario