¿REALMENTE FUE UN SUEÑO?
1. COMIENZA UN DÍA DÍFERENTE
Acababa de levantarme. Los sueños invadían todavía mi mente. Me dirigí al baño. Abrí el grifo del lavabo y cuando el agua fría rozó mi cara, me sentí más despierta, pero aun así todavía pensaba en aquel sueño. Esa noche mi imaginación me había llevado a un bello paraje nevado en el cuál jugaba con mis amigos. Me vestí, me puse una camiseta blanca de tirantes, encima una camiseta de color rosa, una chaqueta y unos pantalones.
Metí los pies en mis botas y fui a desayunar.¡ Cereales, leche, tostadas y una manzana! Ese iba a ser mi desayuno. Tenía una pinta deliciosa. Pasados diez minutos estaba peinándome. Antes de salir, mire por la ventana, no parecía que fuese a llover, así que cogí mi mochila, los guantes, el gorro y la bufanda y me fui al instituto. Mi amiga me esperaba en la puerta.
Era un día frío, la gente que paseaba por la calle se frotaba las manos con la esperanza de calentarse de ese modo. Los coches estaban cubiertos por una delgada capa de hielo. Todos vestían con guantes, gorro y bufanda, excepto los perros, unos mas cuidados vestían graciosos abriguitos que les cubrían las patas, los más pequeños parecían bolas de algodón. Otros, no tan afortunados, tenían que conformarse con su espeso pelaje. Cuando abrían sus bocas un denso vaho surgía de ellas haciéndose visible.
No tardamos demasiado en llegar, esperamos fuera charlando con otras amigas hasta que sonó el timbre. Subí por las escaleras empujada por la multitud hasta llegar a clase. A primera hora matemáticas: ¡Qué horror!, que si “X” por un lado, que si “no se qué” por el otro. ¡Que lío! Soy a la que mejor se le dan las mates de la clase, así que sí a mi me costaba a mis compañeros… Mire a mi alrededor: Juan Leía un comic bajo su mesa, Claudia una revista; Marcos miraba los cromos que tenía del Real Madrid, Vanesa miraba por la ventana como si esperara que una nave espacial la recatara de aquel infierno; Rodrigo pegaba un chicle bajo su mesa…Imite a Claudia durante un instante y mire por la ventana. Finos copos de algodón caían, Claudia se dio cuenta y grito a viva voz :
* ¡Está nevando!
Todos mis compañeros y yo corrimos hacía la ventana. La profesora de mates, con un movimiento rápido le lanzó una tiza a Claudia, y la dio en la cabeza. ¡menuda puntería! Claudia se volvió a sentar cabizbaja. Tras unos cuantos gritos y castigos, continuamos con las ecuaciones. ¡Que tostón! mi mente abandonó la clase. Aquella misma noche había soñado con nieve, no de la misma manera, pero con nieve a fin de cuentas. ¿Sería adivina? Durante toda la clase estuve pensando en lo que podría hacer si tuviera tales dotes. ¿Salvar el Mundo?, ¿Evitar catástrofes?, tal vez podría ver los libros que sería escritos y escribirlos antes que su futuro escritor. Aquello sonaba muy emocionante. Lástima que me diera cuenta de que no era adivina a los cinco minutos cuando Vanesa se cayó de la silla, si pudiese ver el futuro lo habría predicho.
Por fin acabó la clase. En el cambio hable con mis amigas. Mirábamos la nieve, estaba cuajando y cada vez caía con más fuerza.
El profesor de sociales entro en clase, todos nos sentamos en silencio.
* Profe, está nevando- dijo de pronto uno de mis compañeros.
* ¿De verdad? – respondió en profesor siguiéndole el juego.
* Sí, a que es bonita la nieve- contestó riendo.
* Claro, ¿y a que no sabes que?- preguntó – es blanca.
Todos nos reímos a carcajadas, era una buena manera de empezar la clase de sociales
2. BATALLA DE NIEVE
Tras cincuenta minutos de geografía sonó la campana. ¡Uf! Menos mal, ya me dolía la cabeza.
Salimos a tropel con un único deseo: coger una bola de nieve. Al llegar a la puerta del patio nos detuvimos en seco. Aquello era el paraíso. Un manto blanco, como una sábana de seda que crujía al pisarla cubría todo el suelo.
* Pelea de bolas de nieve – gritó uno de mis amigos.
* Chicos contra chicas – propuso Claudia.
* Hecho vais hartaros de nieve – rieron todos los chicos.
* ¡Que os lo creéis! – nos defendimos.
Al instante cientos de bolas de nieve surcaban el cielo esperando dar a alguien en su recorrido. Hundí las manos resquebrajando una zona intacta y moldee una perfecta bola de nieve. Se la lance al primero que vi. ¡Toma! Le di en toda la cara. Él cogí otra bola tres veces más grande que la mía, ahora me tocaba correr a mí. Seguía nevando. Los pies se me hundieron en un hoyo y caí al suelo. Acto seguido un montón d e nieve cayó sobre mi cabeza. Trague más de la mitad. Me incorpore, mi perseguidor estaba en el otro extremo del patio. Cambie de objetivo. Corrí detrás de uno de mis compañeros de clase que tiraba las bolas de cuatro en cuatro. Como no, en cuanto le di una lluvia de colas d e nieve me bombardeo. De nuevo me vi en el suelo, y él que me había tirado las bolas de nieve estaba combatiendo con Claudia. Fui a ayudarla. Entre las dos hicimos una bola enorme, la cogimos y se la lanzamos. Se tambaleo y cayo al suelo.
-¡Bien! – gritamos - ¡objetivo alcanzado!
Milagrosamente sonó el timbre que anunciaba el final del recreo. Juan, el chico al que habíamos tirado la gran bola prometió vengarse en el siguiente recreo.
3. VOLTERETAS POR AQUÍ VOLTERETAS POR ALLÁ
Pasamos a clase y nos encontramos de bruces con el profesor de gimnasia. Nos dijo que debíamos ir al gimnasio, pues íbamos a tener un examen de volteretas. Al entrar, un calorcito nos acogió. Nos quitamos el abrigo y calentamos durante diez minutos. Corrimos a pata coja, lateralmente, saltamos, nos agachamos… Terminamos agotados y aquello sólo acababa d empezar.
-Ahora coger una colchoneta por grupos de cinco y practicar durante diez minutos las volteretas – dijo el profesor.
Mi grupo lo formábamos Claudia, Vanesa, Lucía, Paula y yo. Claudia, era la reina de las volteretas, así que se exhibía presumiendo un poco. Cuando me tocó a mí fui el hazmerreír de la clase haciendo la voltereta hacía atrás, ya que me quede clavada y no iba ni hacía adelante ni hacia atrás, por lo tuvo que ayudarme el profesor. En la lateral ni os lo cuento… Cuando llego la hora del examen me comía las uñas de los nervios. Primero la voltereta hacía adelante. Me impulsé, gire y me levante. Lo había hecho perfecto. Luego hacía atrás, me impulse con fuerza y logre girar. ¡Eso ya era mucho! Satisfecha conmigo misma intente superarme también el la voltereta lateral, pero a la mitad de esta me quede clavada e hice el pino y caí al suelo. Pude repetirla y al segundo intento me salió algo parecido. Termino la clase. Contenta con mis resultados salí del gimnasio para dirigirme al aula de lengua. Al traspasar la puerta nos quedamos boquiabiertos había una capa de nieve que nos llegaba hasta las rodillas (yo soy de las más altas de mi clase así que a Rodrigo le llegaba prácticamente por la cintura).
4. PÁNICO EN EL INSTITUTO
La nieve se acumulaba en las puertas, paredes y esquinas. ¡Era impresionante! Subimos las escaleras, tocaba clase con D. José Luís. Tiene muy mal genio pero enseña como el mejor. Mientras la nieve caía cada vez con más intensidad haciendo más espesa la capa anterior. Hoy tocaba lectura y el profesor nos había traído libros de poesía. Leímos bastantes poemas, pero de todos ellos el que más me gusto fue uno que hablaba de un pajarillo prisionero. El profesor nos mandó hacer el esquema métrico de varias poesías y luego lo corregimos en clase.
Ante de que finalizara la lección el profesor nos mandó la tarea. Teníamos que buscar un poema que nos gustase, copiarlo, aprenderlo y hacer su esquema métrico. Y no contento con eso nos puso un examen sorpresa para el lunes. ¡Jo! Ya teníamos deberes de matemáticas, de sociales y de lengua, y todavía faltaban las asignaturas de ingles y naturales.
Sonó la campana indicando la hora del recreo y la continuación de la batalla de bolas de nieve. Cogimos el desayuno y nos dirigimos al patio bien abrigados. Una inmensa multitud nos impedía el paso. ¿Qué ocurriría? Entre tanta confusión logre escuchar algo sobre una puerta cerrada. Los profesores nos indicaron que volviéramos a clase ordenadamente. El alboroto era mayúsculo. Nadie sabía lo que pasaba. De pronto la jefa de estudios entro. Todos nos sentamos y se hizo el silencio en clase.
* La nieve acumulada por la tormenta es tal que nos impide abrir la puerta, y en las ventanas del piso de abajo pasa exactamente lo mismo, así que permaneceremos aquí hasta que alguien venga y retire la nieve – nos anuncio la jefa de estudios.
No nos preocupó aquella noticia, sin embargo, estábamos un poco decepcionados pues había arruinado nuestra batalla. A los diez minutos la jefa de estudios entro de nuevo.
* Me temo que no hay cobertura, así que estaremos en el instituto incomunicados hasta que logremos contactar con alguien – nos informó angustiada.
El temor se apoderó de nosotros. Al momento a claudia se le ocurrió una idea, abrió la ventana y miró. Por supuesto no había nadie en la calle. Pensaba que si veía a alguien podría pedirle ayuda, pero no fue así. Gritó desesperada, y como no es de extrañar, nadie la contestó.
-¡Que horror quedarse en el instituto de por vida! - dijo Vanesa asustada – es la pero de las pesadillas.
¿y si nadie nos ayudaba?, ¿nos pasaríamos el día entero haciendo deberes? Los zumos del desayuno no nos alimentarían durante mucho tiempo. ¿y si al final terminábamos comiendo los deberes?
De pronto se fue la luz.
* ¡Ahhh…..! – gritamos todos desesperados.
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¡Ayyyy! Todo había sido un sueño, estaba boca arriba tumbada sobre mí cama. Un sudor frío resbalaba por mi frente. Me incorporé y mire el reloj, solamente eran las 07,30 de la mañana. Me apresure y subí la persiana ¡Estaba nevando!
LEMA: BABY BLUE
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Hace 7 años

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